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Me marcho a Bélgica
Ya tengo las maletas hechas: mañana a las doce del mediodía ya estaré en Lovaina. En apenas diez días mi vida ha cambiado drásticamente: de nuevo sin nada, empezando de cero. Sinceramente, no sé por qué hago esto: a veces creo que lo hago de manera inconsciente, que no sopeso las situaciones y que no me hago una idea de las implicaciones de mis decisiones.
Ahora mismo ando nervioso, casi dispuesto a firmar por una vida tranquila y estable en algún rincón de España. Pero esto siempre me pasa: son esos nervios de antes de salir al escenario, cuando sólo salir corriendo por la puerta de atrás del escenario te aliviaría pero, sin embargo, siempre se da el paso hacia el público. Y creo que los actores tampoco saben por qué lo hacen.
Las despedidas siempre son complicadas, sobre todo cuando te desligan de los que te rodean. Sientes que les estás fallando, que tu estúpida decisión les hace estar tristes. Te vas sintiendo que no existe compensación para aquello, que tu vida está más aquí que allí. Pero al final, te vas.
Llega un momento que no sabes si buscas o huyes.
No tengo casa, ni móvil ni la más remota idea de cómo van a ser mis primeros días allí. Lo único que sé es que en el futuro, seguro que guardaré un buen recuerdo de mañana.
Viajes y poco más
Sí, mucho tiempo. Lo sé. Para resumir diría que he estado trabajando, viajando y aburriéndome. Los finales siempre son aburridos, son como una espera interminable hacia un final completamente predecible. El trabajo ya anda en las últimas, intentando salvar el nombre. Quizás por eso lo que más he hecho durante este tiempo ha sido viajar.
Estuve unos días en New York, disfrutando de los ambientes más chic de la ciudad: restaurantes de lujo, bares de diseño, hoteles con vistas y, sobre todo, ese estilo urbanita rompedor que tan bien destiñe NYC. Comí mejor de lo que he comido en dos años en Pittsburgh y, aunque me duela decirlo, mejor de lo que he comido nunca en España.
También he estado en la costa oeste, haciendo kilómetros a contrarreloj: Gran Cañón, Las Vegas, Santa Mónica, Long Beach, Los Ángeles, Venice, Santa Bárbara, San Francisco y Yosemite. Mi consejo: píllate una cabaña en el Gran Cañón con antelación y pasa allí una semana, incluyendo el trekking para bajar hasta el río Colorado. Yo me tuve que conformar con hacer una ruta de tres horas y ver amanecer: la experiencia más impresionante que he tenido hasta el día de hoy. El cielo empieza a clarear hasta que de pronto, en el fondo, comienza a levantarse una bola de luz sobre el Gran Cañón. Mágico.
La semana que viene me voy a Cataratas del Niágara (y van tres) y Toronto (Canadá), a ver qué nos dan de comer allí… que diría un amigo mío.
Y sí, claro, estoy cerrando cosas en Pittsburgh. Ya he vendido prácticamente todos los muebles de la casa: el primer día de venta me invadió una profunda sensación de alegría. Sentí que comenzaba a soltar lastre, y de alguna u otra forma comencé a sentir que el cambio está cerca. Y eso me da la vida, pese a lo mucho que quiera este sitio.
Este blog tendrá que cambiar, imagino. Cuando lo leo me da la sensación de ser una especie de programa de estos de “Españoles/Madrileños/Gallegos/Murcianos por el mundo”, que en su día me hicieron gracia pero que ya tengo algo atravesados. Pero ya se verá.
New Orleans here we come!
Al final he decidido destino para la escapada: me voy cuatro días a Nueva Orleans a principios de junio. Tenía la opción de añadir Miami (donde ya estuve el año pasado) o visitar el Caribe, pero al final me he dado cuenta de que, sinceramente, no estoy falto de descanso sino de un cambio de aires, y eso creo que lo conseguiré a la perfección en Nueva Orleans.
La ciudad natal de Louis Armstrong, cuna del jazz, aún conserva y mantiene vivo el legado colonial español y francés: en los edificios, en los restaurantes con terrazas al solecito, en su vocabulario, en las calles,… Es una ciudad abierta, multicultural y, sobre todo, con ese toquecillo de amor a la vida tranquila y disfrutada que tiene la gente que vive en zonas de buen tiempo. Es famosa su comida y su bebida, y por supuesto los locales con música jazz en directo.
Está dos metros por debajo del nivel del mar, lo que originó que en el 2005 la ciudad se inundara por completo por efecto del famoso huracán Katrina. Muchas casas quedaron destrozadas, y desde aquel momento muchos decidieron no volver a vivir en la ciudad (fundamentalmente por una cuestión económica). Hoy existen multitud de excursiones organizadas que te pasean por las zonas más afectadas, que han sido abandonadas, para que contemples de primera mano el fantasma.
Es muy famoso su carnaval, especialmente por la costumbre de que las mujeres enseñen los pechos a cualquiera a cambio de un collar con los colores de la ciudad. Tiene una importante actividad portuaria, ya que está atravesada por el río Missisipi. La previsión meteorológica es fantástica, y además parece ser barata (al menos el vuelo y el hotel han salido muy bien de precio).
Ya estoy contando los días!
West Coast Road Trip
Este año no ha sido demasiado productivo en cuanto a viajes se refiere. Si el año pasado estuve en New York, Chicago, Washington DC, Niagara Falls, Miami Beach y Cleveland, este año apenas me he movido de Pittsburgh: Washington DC para ver a Coldplay y de nuevo Niagara Falls.
Así es que he decidido remediarlo un poco y la solución ha sido que el mes de julio lo pasaré prácticamente entero de vacaciones viajando. La primera parte está aún sin planificar, pero los últimos días ya están fijados: viaje en coche recorriendo buena parte de California (tierra soñada), además de Las Vegas y el Gran Cañón. El mapa quedaría más o menos así:

Puntos a visitar: Las Vegas, Gran Cañón, desierto de Mojave (ruta 66, ovnis, ensayos militares), Santa Mónica, San José, Los Angeles, San Francisco y Parque Nacional de Yosemite. Me iré el 23 de julio y volveré el 1 de agosto. Antes, probablemente vuelva a New York, y quizás New Orleans. En cualquier caso todos los viajes están todavía abiertos, así que se admiten y se agradecen consejos!
Todavía quedan casi dos meses… pero qué ganas tenía de viajar.
Emigrantes espanoles
Ultimamente sigo el programa Espanoles por el mundo, de TVE. Me encantan los programas de viajes, pero los que cuentan las cosas desde dentro, como este. Odio los tipicos programas del presentador al que todo el mundo odia por los viajes que se mete y que unicamente se dedica a hacer el ganso y destacar lo raros que son en otros paises.
Hay varias cosas que me han llamado bastante la atencion. La primera es el sentimiento de anoranza casi unanime de todos los espanoles viviendo en el extranjero a la cultura de bares y tapas de Espana: el tomarse una cervecita a media manana con unos calamares a la romana o una magra con tomate con algun amigo. La segunda que me intriga es saber cuantos espanoles debe haber por el mundo ganandose la vida cocinando paellas: hasta ahora, en cada programa ha habido al menos un espanol en faena.
Por otra parte, me doy cuenta de que los que emigramos lo hacemos, fundamentalmente, a reganadientes. Echamos mucho de menos nuestro pais, nuestra gente y nuestra cultura, pero tambien es curioso que renunciamos a ello, la mayor parte de las veces, por amor o por mejorar las condiciones de vida (casa, coche,…).
Decisión tomada, nueva aventura
Finalmente he tomado la decisión, de forma oficial además, de hacer el doctorado en la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica. Se acabó la emoción y los nervios: la decisión está tomada, comunicada y si todo marcha según lo previsto en agosto dejaré los EEUU (un país del que me voy enamorado, que es como creo que hay que irse de los sitios) para irme al centro de Europa.
La razón principal de la decisión viene dada por el proyecto: no sólo me atraía bastante, sino que se podría decir que realmente era el único que lo hacía. Es un proyecto radicalmente práctico, multidisciplinar, ambicioso, útil, beneficioso para la sociedad y fácil de explicar.
La segunda razón viene de la buena impresión que me dejó la universidad cuando la visité en enero. Me sorprendió lo bien equipado que estaba el grupo de investigación, y me sentí muy cómodo y bien acogido. En cierta forma estoy cansado de la competividad tan feroz de las universidades top ten como CMU, e imagino que también buscaba un ambiente relajado y amigable.
La tercera razón es porque el que será mi jefe en última instancia es uno de los mejores investigadores en temas de computer vision en Europa, y aunque lo vaya a ver una vez al mes, siempre he pensado que un buen maestro es fundamental. Y no en términos de picar código junto a mí, sino ser capaz de transmitirme esa visión completamente diferente que tienen los buenos del mundo.
Lovaina es una ciudad pequeñita a unos treinta kilómetros de Bruselas, con apenas cien mil habitantes. La Universidad Católica de Leuven (KUL) es la más antigua de Europa y, por ende, del mundo. Sus instalaciones están repartidas por toda Lovaina, haciendo de la ciudad un enorme campus repleto de actividades culturales, descuentos para estudiantes, bares, etc. que le ha hecho ganarse el sobrenombre de “la Salamanca belga”.
El idioma oficial es el holandés o flamenco (dutch en inglés), aunque todo el mundo es bilingüe y hablan inglés con total soltura (como bien pude comprobar), desde el panadero al taxista. Llueve durante buena parte del año, aunque el clima es bastante más suave que el de Pittsburgh.
La posición que ocuparé representa un compromiso de cuatro años, y las condiciones laborales mejoran las actuales: ganaré más dinero, tendré más vacaciones y horario totalmente flexible, como es de rigor en la universidad.
Dados los tiempos que corren, imagino que es para estar contento poder afirmar que tengo trabajo garantizado durante los próximos cuatro años, y además el que yo he elegido y disfruto. O eso espero.
Hay que creer en España
Hace unos días veía varios documentales sobre el 23-F, y recordaba lo terriblemente atrasados y deprimidos que estábamos en España, y lo revolucionario que ha sido nuestro cambio en apenas treinta años. Es cierto que con mucha ayuda extranjera (UE fundamentalmente), pero principalmente ha sido gracias al increíble trabajo de nuestros padres y abuelos: verdaderos ejemplos de trabajo, esfuerzo y resistencia.
Escuchaba a Zapatero responder ante la pregunta “qué le preguntaría usted al presidente del gobierno?” con un frase brillante como “le preguntaría qué es lo que puedo hacer por ayudar a mi país a salir de la crisis”. Me pareció bonito, y lo interpreté como un pequeño tirón de orejas a los españoles: basta ya de quejarnos, basta ya de criticar y asumamos que nuestra obligación como ciudadanos excede el simple hecho del voto y va más allá.
Esta noche he escuchado a Penélope Cruz dar las gracias por el Oscar, compartiendo el premio con todos los españoles y agradeciendo a su país el apoyo. Este tipo de cosas saben de forma especial cuando se está fuera de tu país, y uno siente ese agradecimiento como propio.
De entre la gente que vivimos fuera de España habitualmente oigo críticas hacia el país, yo mismo lo he hecho muchas veces, en ocasiones cayendo en el menosprecio y la desconsideración. Algunos lo hacen porque sentirse orgulloso de España parece que no es cool, otros porque ven a su país como un don nadie incapaz de nada…
Yo he decidido cambiar eso, y si bien es cierto que todavía me quedan unos años de vivir fuera de España, espero algún día poder devolverle al país lo que el me ha dado. Basta ya de topicazos, de políticas de derechas o de izquierdas, de nacionalismos independentistas, de la caspa, de la crispación, del pesimismo,… Debemos estar ogullosos de ser españoles, y contentos.
Porque sentirse español es, en definitiva, compartir. Compartir con millones de personas nuestra cultura, nuestro talento, nuestro espacio,… Y ello no debe de impedirnos nada: viajemos por el mundo, conozcamos mil culturas más, construyamos mezquitas junto a iglesias y, en definitiva, disfrutemos del mestizaje. Es importante que entendamos que tenemos muchas cosas que aprender y de las que enriquecernos, y que muchas de ellas están ahí fuera.
A mi también me entristecen los niñatos que se hacen fotos frente al espejo, la televisión con programas sobre pseudofamosos casposos, el absentismo mental de los etarras, los políticos charlatanes, el nepotismo… Pero es que España es mucho más que eso, porque en definitiva podemos hacer que nuestro país sea lo que queramos que sea.
Los que desde fuera ven a España como un país incapaz, donde reina la pillería y donde el trabajo es casi un castigo, es hora de dejarse ilusionar. Mis abuelos trabajaban de sol a sol, sin descanso. Mis padres trabajan igual. Tenemos apenas treinta años de democracia, y las generaciones que no hemos conocido otra cosa quizás nos hemos convencido de que todo en esta vida viene dado, de que los derechos son inherentes a la condición humana. Pero hay que comenzar a valorarlos y luchar por ellos, como hacen nuestros padres y abuelos porque ellos si saben el valor que tienen.
Creo que somos un país increíble.
Use your laptop everywhere!
En USA es corriente vivir pegado a tu ordenador portátil, la Blackberry o el iPhone. En la universidad, lo más común es que siempre haya varios trasteando con el portátil en clase, o comiendo frente a él o tecleando código sentados en cualquier rincón. Fuera de ella, también es común que la gente use sus portátiles con total naturalidad para responder correos o escribir documentos mientras toman un café en el Starbucks, esperan el bus o el tren les lleva a casa.
En España, sin embargo, esto es mucho más complicado de ver. Quizás porque la gente prefiere ponerse a hablar con la persona de al lado aunque no la conozcan, quizás porque no estemos tan ocupados o quizás porque hayamos aprendido que el trabajo nunca se debe de llevar a casa.
Yo soy usuario habitual de autobús urbano cuando estoy en España: la casa de mis padres está en un pueblo a quince minutos de Murcia, así que me paso las vacaciones en el autobús, sobre el que algún día tendría que escribir porque es un auténtico zoológico de la fauna urbana. La cuestión es que estas navidades me vi un poco apurado para terminar la presentación de Bruselas, y decidí que por qué no, iba a aprovechar los cuarenta y cinco minutos de trayecto en bus para avanzar un poco.
Lo cierto es que en un primer momento saqué mi portátil y me lo puse sobre las rodillas como la cosa más natural del mundo, acostumbrado a hacerlo en US sin llamar la atención lo más mínimo. Pero no caí primero en que estaba en España, segundo que estaba en el bus y tercero que mi portátil era un Macbook blanco al que se le enciende una manzanita (lo que todavía llama la atención, al menos en Murcia).
Empecé a oir comentarios y alguna que otra mirada que se desviaba hacia mi pantalla: no es que me convirtiera en el centro de atención del bus ni mucho menos, pero si que mi estampa allí llamaba la atención.
Y pensé: “qué bueno es viajar”.
Acabando… para volver a empezar
Estoy rendido. Afortunadamente, ya sólo me queda volver a casa. Escribo desde el hotel de Leuven, una farm reconvertida en hotel con un estilo muy cuidado y unos servicios exquisitos.
Ayer estuve en la ETH en Zürich: fueron 5 horas de entrevista. Primero tuve que explicar qué había estudiado en la carrera, luego me hicieron un examen sorpresa donde buscaban ver más mi forma de razonar que mis conocimientos sobre temas de estadística y algoritmos, tuve un pequeño tour con varios estudiantes enseñándome su trabajo y finalmente hablamos sobre el proyecto y demás.
Llegué sobre las 11 de la noche a Leuven, y esta mañana de nuevo he pasado 7 horas en la universidad en las que me han hecho un pequeño tour, he dado una charla sobre mi trabajo, me han explicado algunos de los proyectos con open positions y finalmente he estado charlando con unos seis o siete estudiantes que me han enseñado su trabajo.
Por supuesto, todo lo que me podría haber pasado me ha pasado (y toco madera porque el viaje aún no ha acabado): casi pierdo el avión a Bruselas, perdí la tarjeta de crédito española, un taxista me echó a patadas del taxi, he tenido que cambiar a última hora el vuelo de vuelta a España,… y todo en el último momento, como siempre.
Llevo tres días durmiendo menos de cinco horas, he cogido cuatro vuelos, tres taxis y un tren, he oído hablar alemán, suizo, flamenco, francés e inglés,…Y mañana llegaré con tres horas de margen para volver a casa, hacer la maleta y coger un tren a Madrid (4 horas), a donde llegaré sobre las 12 de la noche para al día siguiente, y de nuevo durmiendo más bien poco, cruzar el charco.
En cualquier caso, estoy tan cansado que soy incapaz de sacar ninguna conclusión, ni siquiera un mísero comentario.
Caóticas navidades
Estas navidades han sido, con diferencia, las más ocupadas de mi vida. Ocupadas con mil cosas: comidas, cenas, trabajo, salidas, viajes, entradas,… He tenido tiempo para hacer muchísimas cosas, pero la sensación aún así es de que no he tenido tiempo para hacer nada, de que me faltan mil cosas por hacer.
He cenado una sóla vez en casa de mis padres, y he comido tres. He estado en Madrid, Toledo y Granada. Me he despertado varios días con resaca.
Mañana a las 13:00 vuelo a Zurich. Todavía no he acabo las slides para la presentación, y ni mucho menos he podido practicar con lo que tengo y no tengo que decir. No sé cómo llegar del aeropuerto al hotel, ni del hotel a la universidad. No tengo francos suizos. En Bruselas tengo que ir a un pueblito a 20km del que tampoco tengo ni idea de cómo llegar. No sé a qué hora tengo que ir a la universidad, ni a qué hora tengo que dar la charla ni dónde. La vuelta la hago desde otro aeropuerto al que tampoco sé cómo llegar. En Suiza hablan alemán y en Bruselas francés.
Además, ayer cogí un catarro bueno: esta mañana he ido a la farmacia y he pedido “para el catarro, lo más fuerte que tengas que no lleve ácido acetilsalicílico”.
Esto es una catarsis.
