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Decisión tomada, nueva aventura
Finalmente he tomado la decisión, de forma oficial además, de hacer el doctorado en la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica. Se acabó la emoción y los nervios: la decisión está tomada, comunicada y si todo marcha según lo previsto en agosto dejaré los EEUU (un país del que me voy enamorado, que es como creo que hay que irse de los sitios) para irme al centro de Europa.
La razón principal de la decisión viene dada por el proyecto: no sólo me atraía bastante, sino que se podría decir que realmente era el único que lo hacía. Es un proyecto radicalmente práctico, multidisciplinar, ambicioso, útil, beneficioso para la sociedad y fácil de explicar.
La segunda razón viene de la buena impresión que me dejó la universidad cuando la visité en enero. Me sorprendió lo bien equipado que estaba el grupo de investigación, y me sentí muy cómodo y bien acogido. En cierta forma estoy cansado de la competividad tan feroz de las universidades top ten como CMU, e imagino que también buscaba un ambiente relajado y amigable.
La tercera razón es porque el que será mi jefe en última instancia es uno de los mejores investigadores en temas de computer vision en Europa, y aunque lo vaya a ver una vez al mes, siempre he pensado que un buen maestro es fundamental. Y no en términos de picar código junto a mí, sino ser capaz de transmitirme esa visión completamente diferente que tienen los buenos del mundo.
Lovaina es una ciudad pequeñita a unos treinta kilómetros de Bruselas, con apenas cien mil habitantes. La Universidad Católica de Leuven (KUL) es la más antigua de Europa y, por ende, del mundo. Sus instalaciones están repartidas por toda Lovaina, haciendo de la ciudad un enorme campus repleto de actividades culturales, descuentos para estudiantes, bares, etc. que le ha hecho ganarse el sobrenombre de “la Salamanca belga”.
El idioma oficial es el holandés o flamenco (dutch en inglés), aunque todo el mundo es bilingüe y hablan inglés con total soltura (como bien pude comprobar), desde el panadero al taxista. Llueve durante buena parte del año, aunque el clima es bastante más suave que el de Pittsburgh.
La posición que ocuparé representa un compromiso de cuatro años, y las condiciones laborales mejoran las actuales: ganaré más dinero, tendré más vacaciones y horario totalmente flexible, como es de rigor en la universidad.
Dados los tiempos que corren, imagino que es para estar contento poder afirmar que tengo trabajo garantizado durante los próximos cuatro años, y además el que yo he elegido y disfruto. O eso espero.
La cara B
Luego de escribir ayer sobre mis vacaciones en España, no tengo más remedio que contar la parte B del viaje: los pequeños contratiempos que sufrí durante el mismo, finalmente resueltos sin llegar a mayores. A saber:
- La noche antes de coger el avión a España perdí la tarjeta de crédito y me costó cerca de tres horas conseguir cancelarla por teléfono dado que era 4 de julio (festivo nacional) y me tuvieron esperando como dos horas, además de que me quedé sin saldo en el móvil y tuve que irme a la universidad a las 12 de la noche a llamar desde allí.
- La misma mañana que tenía que coger el avión para España me quedé dormido y me desperté con el tiempo justo, de forma que no pude desayunar y tuve que correr arrastrando la maleta hasta la parada del bus (que está a media hora caminando de casa).
- Al llegar a España el móvil no me funcionaba y no podía contactar con un amigo que había acordado recogerme en el aeropuerto, suerte que al final me encontró un poco por descarte.
- Dos horas antes de coger el tren para Madrid me dí cuenta de que había comprado los destinos cambiados: la ida la tenía con la fecha de la vuelta y viceversa, por lo que tuve que cancelar los billetes y comprar otros para el único tren del día que aún tenía plazas disponibles.
- En Tenerife alquilamos un coche y una mañana que nos levantamos para ir a la playa no estaba donde lo habíamos aparcado: finalmente resultó estar en el depósito de la policía porque un alterado se había dedicado a tirar los muebles por el balcón de madrugada y nuestro coche había sido el más dañado (lunas destrozadas y techo y capó bollados).
- Cuando llegué a coger el vuelo de vuelta a Pittsburgh me comunicaron que estaba atrasado y que además había overbooking: finalmente viajé pero estuve esperando en barajas 5 horas por el retraso y por supuesto que perdí mi conexión a Pittsburgh, aunque me dieron otro billete para la misma noche y llegué a casa sobre la 1 de la mañana sobre las 9 que tenía planeado.
Como decía, las tres semanas por España no me han dado para aburrirme.
Wifi online
Estoy en el parking de mi universidad, con el portátil sobre las piernas y disfrutando de una wifi abierta con velocidad más que aceptable cuya señal proviene de la escuela de telecos y forma parte del plan desarrollado por la UPCT para dotar de Wifi todos sus ‘campus’.
La sensación de libertad y de conectividad es fantástica: aquí desde el coche aparcado en medio de la calle puedo hacer exactamente lo mismo que haría en casa. Escuchar música, actualizar el blog, leer el correo, navegar, hablar vía skype, chatear por el messenger…
Viva la globalización y vivan los telecos!
